Parásitos intestinales

Comenzamos luchando a cielo abierto. Podemos rechazar fácilmente las primeras avanzadillas enemigas, pero repentinamente todo se oscurece, excepto unos ojos que brillan en la oscuridad. Cuando recobramos la visión, una pequeña multitud de unas cosas que parecen bacterias voladoras con ojos nos ataca, cubriendo la retirada de mamá bacteria, un bicho con tentáculos con pinchos que será familiar para los veteranos de la saga Salamander. La perseguimos a través de las entrañas de un bicho, esquivando dientes retráctiles y abatiendo naves enemigas que como nosotros no se sabe cómo han acabado aquí dentro, hasta que llegamos a una zona que a juzgar por las vellosidades de las paredes debe de ser los intestinos, donde al fin alcanzamos a mamá bacteria y empezamos la lucha contra nuestro enemigo final.

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No apartes el dedo del gatillo

En la época de las 2D, los matamarcianos eran la medida del poderío técnico de los videojuegos. Tenían que tener los mejores gráficos, montones de naves y disparos a la vez en la pantalla, movimientos rápidos y suaves, efectos visuales y explosiones espectaculares, y una banda sonora de infarto. Si hay que medirlo por esos parámetros, DonPachi en su versión para Saturn falla en casi todo. Los gráficos son coloridos pero tienen poca resolución. El sonido parece que llega del fondo de una lata oxidada (aunque hay que admitir los mensajes de ánimo que nos envía nuestro “instructor” tienen su gracia). Los tiempos de carga son eternos. El enemigo final del cuarto nivel, y otros momentos del juego, son un festival de ralentizaciones y luces parpadeantes que le dejan a uno los ojos haciendo chiribitas. Por lo que he leído, la versión de Playstation es mejor, pero no he tenido la oportunidad de probarla.

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