Un pasillo interminable

El “Playable Teaser” de Silent Hills es una de las grandes noticias de PS4 en los últimos tiempos. Kojima es una de las pocas fuentes de alegría que le queda a Konami, y desembarca en Silent Hill para tratar de reanimar una saga bastante alicaída desde que tras éxito apabullante de Resident Evil 4 se resignase a hacer (malas) copias de su mecánica de juego, pero olvidándose de todo lo demás. Aunque debo confesar que, personalmente, me gustó Silent Hill Homecoming. Sólo estar en la pelea contra aquel enemigo final que parecía una embarazada, y ver la cara que puso mi mujer, por entonces también embarazada, al entrar en la habitación y ver aquello en la pantalla, ya hizo que todo el juego mereciera la pena.

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Parásitos intestinales

Comenzamos luchando a cielo abierto. Podemos rechazar fácilmente las primeras avanzadillas enemigas, pero repentinamente todo se oscurece, excepto unos ojos que brillan en la oscuridad. Cuando recobramos la visión, una pequeña multitud de unas cosas que parecen bacterias voladoras con ojos nos ataca, cubriendo la retirada de mamá bacteria, un bicho con tentáculos con pinchos que será familiar para los veteranos de la saga Salamander. La perseguimos a través de las entrañas de un bicho, esquivando dientes retráctiles y abatiendo naves enemigas que como nosotros no se sabe cómo han acabado aquí dentro, hasta que llegamos a una zona que a juzgar por las vellosidades de las paredes debe de ser los intestinos, donde al fin alcanzamos a mamá bacteria y empezamos la lucha contra nuestro enemigo final.

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