Deus Ex Machina

Deus Ex Machina es uno de los primeros casos de hype exacerbado de la industria de los videojuegos. Un seguimiento intensivo en las revistas de la época, algunas informaciones fragmentarias sobre la premisa del juego, tomar el control de una vida artificial que se rebela contra sus creadores, una carátula con un diseño magnífico, de lo mejor que tiene el juego… Tuvo todos los ingredientes, incluso el desenlace final con el desencanto de los compradores que no veían lo que les habían prometido, unas ventas bastante modestas y una piratería galopante que acabaron por convencer a su creador, Mel Croucher, de que era mejor dedicarse a otra cosa.

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Creemos una historia

La gran diferencia entre los videojuegos y otras formas de entretenimiento audiovisual es la interactividad: cuando vemos una película, somos receptores pasivos de la obra, cuando jugamos a un videojuego contribuimos a crear la obra con nuestras acciones. La interactividad lleva a una mayor inmersión e identificación con lo que está pasando en el videojuego, es la diferencia entre que te cuenten una historia o ser tú el que protagoniza y crea la historia. Por eso, desde siempre los videojuegos han sido un objetivo favorito de individuos o asociaciones que ven en ellos un peligro mortal para nuestra “salud moral”. Esta gente ha conseguido y consigue su cuota de atención porque todos percibimos que de alguna manera existe una gran diferencia entre ver algo en una película y hacerlo en un videojuego, aunque sea sólo pulsando botones de un mando, aunque la película muestre imágenes hiperrealistas de violencia y el videojuego no pase de mostrar monigotes de colores.

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