Es bueno ser malo

Me desperté en una celda oscura y húmeda. Sólo me acompañaba la grabación de la voz de una mujer que, según todos los indicios, bien podría ser mi carcelera. Tras abandonar mi celda y atravesar algunos corredores medio derruidos, llegué a una sala rodeada de más celdas. Una de ellas estaba ocupada por un pobre diablo con la cabeza cubierta con un saco, otra víctima compartiendo mi triste destino. Junto a la puerta, una palanca resultaba tentadora a la vez que sospechosa. En efecto, un leve tirón bastó para desplegar una lanza que se detuvo a apenas un palmo del pecho del preso.

Me alejé prudentemente de la palanca, y pacientemente, comencé a buscar en mi entorno alguna forma de liberarlo. Tras varios minutos seguía sin encontrar nada, pero pese a todo no se me pasaba por la cabeza seguir tirando de la palanca. Después de todo, me considero un buen tipo que no se dedica a cargarse a la gente porque tenga prisa, ni siquiera en un videojuego. Pero entonces apareció uno de los horrores que pululan por las catacumbas de este juego. Intenté esconderme como pude, mi visión comenzó a volverse borrosa, el horror caminaba lentamente hacia mí. Perdí la cabeza, y en un momento en que el monstruo se dio la vuelta, me lancé sobre la palanca y tiré de ella. Un solo tirón no bastó para empalar al prisionero, así que seguí tirando. Era él o yo. Finalmente el tipo murió, preguntándome con su último aliento por qué lo había hecho. Me paré junto a la puerta de su celda; definitivamente estaba muerto. Del horror no había ni rastro, se había marchado por donde había venido. Posiblemente no habría hecho falta haberse dado tanta prisa. Pero la cosa ya no tenía remedio, y al tirar de la palanca se había desplegado una escalera que me permitía salir de la sala. Subí por la escalera y me marché.

Así fue mi primera experiencia con Justine, la pequeña expansión descargable de Amnesia. Tras haber escrito hace unos días sobre “Of Orcs and Men” y su propuesta de tomar el papel de los “malos” de la historia, pero con buen rollo, me ha apetecido recordar este juego. En su momento pasó sin pena ni gloria, y desde luego no está tan bien valorado o recordado como el juego principal, “Amnesia: The Dark Descent”. Pero para mí es uno de los mejores intentos por ponernos en la piel de un personaje malvado. Pero uno auténticamente malvado, no un orco graciosete y algo malahablado como el de “Of Orcs and Men”.

Porque el tipo de la cabeza tapada sólo es nuestra primera víctima. Bien es cierto que matar a las otras dos no cuesta tanto. La segunda es un personaje desagradable que hace muy poco por empatizar con nosotros, y como dice la voz grabada de nuestra cicerone, tal vez haya gente que no se merece que la salven. Cuando llegamos a la celda de la tercera llevamos una buena carga de problemas propios, y posiblemente ni siquiera reparemos en ella hasta que hayamos cerrado la última puerta a nuestras espaldas y escuchemos sus gritos agónicos cuando le atrapan los monstruos.

Así que cuando finalmente nos quedamos encerrados en una sala, y los muros se empiezan a cerrar poco a poco sobre nosotros, casi parece una liberación. Después de todo, no hemos podido hacer nada más que ser el instrumento y seguir el juego de nuestra captora, que en último término es la responsable de la muerte de los otros prisioneros de igual modo que va a ser la responsable de la nuestra. Aunque ya decía Savater que siempre hay que responsabilizarse de las acciones y decisiones propias sin escudarse en las “circunstancias”, las “órdenes” o excusas similares, y bien está que tengamos que pagar por nuestras culpas. Puede que si en la siguiente partida hacemos mejor las cosas y logramos salvar a los prisioneros, el final no sea tan malo. En todo caso, un buen final, a la altura de la reputación del juego.

Pero no. Ese no es el final. El final es mucho peor. Todo ha sido un juego, una sucesión de violencia y muerte gratuitas al servicio de las emociones fuertes. Todo está orquestado. Algunas de nuestras víctimas sólo son unos pobres diablos y las cosas están organizadas para que pueda ser más o menos simple salvarlos. Otros tienen que desaparecer, así que se nos empuja para que nuestra rabia o nuestro miedo hagan que sea casi imposible que acaben de otro modo. Y todo es culpa nuestra.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s