El Vuelo del Fénix

Mi hermano tiene siete años más que yo, y durante algún tiempo coincidimos en el mismo colegio, mientras yo estudiaba los primeros cursos de primaria y él los últimos de bachillerato. Como buen hermano mayor, todos los días al acabar las clases me llevaba a casa, cogiéndome firmemente del cogote para asegurarse de que no me escapaba corriendo. Pero como no todo puede ser disciplina y orden, frecuentemente hacíamos una parada en el camino para echar una partida a alguna recreativa.

En uno de los bares en los que solíamos parar tenían una máquina de Terra Cresta. Mi hermano manejaba los controles y yo aporreaba el botón de disparo. Al lado tenían una máquina de Ghosts’n’Goblins que no me gustaba nada, porque yo no podía pulsar ningún botón. Y por mucho que tenga que reconocer que son buenos, a día de hoy los juegos de esa saga siguen sin gustarme.

En cambio Terra Cresta era otra cosa. La mecánica de juego con “Power-ups” en forma de módulos que se van acoplando a la nave me dejaba con la boca abierta, y creo que por culpa de esta recreativa me pasé la mitad de mi infancia haciendo modelos con Lego de naves espaciales que se podían acoplar y desacoplar. Y cuando conseguías reunir los cinco módulos distintos, y la nave se transformaba durante unos segundos en un fénix invencible, todo el mundo se ponía a gritar y todos los chavales del bar iban corriendo a verlo.

De hecho esta mecánica de juego es bastante potente, porque según se van acumulando módulos no sólo se incrementa la capacidad destructiva de la nave, sino que además se accede a un modo de ataque “en formación” en que cada módulo dispara de forma independiente, con ataques distintos dependiendo del número de módulos que se haya acumulado. Y la decisión de pasar del ataque normal al ataque en formación tiene su componente estratégico, porque al hacerlo aumenta nuestra potencia de fuego, pero disminuye nuestra defensa: si en el modo normal recibimos un disparo, únicamente perdemos los módulos que hayamos recogido, pero recibirlo en el modo en formación significa la muerte. Excepto Terra Cresta y su predecesor, Moon Cresta, no creo que muchos juegos hayan utilizado esta idea.

Así que entenderéis que para mí este juego siga siendo la quintaesencia de las recreativas, y que cuando cada cierto tiempo me asalta el impulso de echar unas partidas pase por alto sus defectillos, que sea tan corto que un jugador habilidoso pueda terminarlo en unos quince minutos, o esos momentos de dificultad poco balanceada como el primer enemigo final, que cae en dos disparos si llevamos varios módulos, pero nos arrincona y espachurra de forma inmisericorde contra las esquinas de la pantalla si no los llevamos. Lo malo es que como yo no tengo hermanos pequeños que me pulsen los botones, tengo que conformarme con configurar el mando en modo auto-disparo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s