Qué tipo tan pesado

Los dos detalles más conocidos del argumento de Resident Evil 3 son la “solución final” adoptada por el presidente para acabar con Racoon City, y Némesis. En un principio, la idea de Némesis no suena nada mal: un enemigo especialmente poderoso, que nos persigue por todo el juego, y frente al cual uno no tiene muchas más opciones que salir corriendo. Un efecto secundario de Némesis es que el juego prácticamente no tiene otros enemigos finales, pero por otra parte como se supone que Némesis es cuasi-invencible, todas las peleas de las que no podemos escapar pueden solucionarse utilizando algún elemento del entorno, lo que las hace bastante variadas.

Con estas buenas perspectivas, es una pena que las apariciones de Némesis durante el juego sean tan abundantes y tan repetitivas que todo el efecto que pudieran tener se acaba diluyendo. A fuerza de repetir su entrada, anunciada con ese “STAAARS” gutural y ese resonar de pisadas, Némesis acaba pareciendo un extra humorístico, o el malo de Scary Movie. Así que cuando por fin acabamos con él, más que un sentimiento de realización por el logro, se experimenta un sentimiento de alivio similar al que proporciona librarse del pesado del vecino del quinto. Y al final uno no puede menos que aplaudir la “frase célebre” con que Jill remata la última pelea contra Némesis, ese “pues toma STARS”, por mucho que sea una frase más propia de un chaval en una pelea de colegio que de una heroína legendaria que se acaba de enfrentar al apocalipsis zombi.

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