No apartes el dedo del gatillo

En la época de las 2D, los matamarcianos eran la medida del poderío técnico de los videojuegos. Tenían que tener los mejores gráficos, montones de naves y disparos a la vez en la pantalla, movimientos rápidos y suaves, efectos visuales y explosiones espectaculares, y una banda sonora de infarto. Si hay que medirlo por esos parámetros, DonPachi en su versión para Saturn falla en casi todo. Los gráficos son coloridos pero tienen poca resolución. El sonido parece que llega del fondo de una lata oxidada (aunque hay que admitir los mensajes de ánimo que nos envía nuestro “instructor” tienen su gracia). Los tiempos de carga son eternos. El enemigo final del cuarto nivel, y otros momentos del juego, son un festival de ralentizaciones y luces parpadeantes que le dejan a uno los ojos haciendo chiribitas. Por lo que he leído, la versión de Playstation es mejor, pero no he tenido la oportunidad de probarla.

Y, sin embargo, el juego funciona. Muchos enemigos, un botón para disparar, otro para las bombas, power-ups que simplemente se van acumulando… ¿para qué más complicación? Hay algo satisfactorio en juegos tan primarios, que uno puede jugar casi en un estado de desconexión mental. Para mí el momento óptimo del juego está en algún lugar entre el tercer y el cuarto nivel, donde considerando mi nivel de habilidad se encuentra la frontera entre que el juego intente acabar contigo, pero con deportividad, y el puro ensañamiento. Es curioso que con los juegos de esta saga puedan encontrarse largas discusiones sobre las bondades y defectos de cada una de las naves disponibles. Mi preferida en este juego es la azul, que por lo que se ve no es la más apreciada, ya que las mayores puntuaciones alcanzadas por los maestros del este juego con la nave azul son apenas la mitad que con la nave roja. Parece ser que el problema con esta nave es que, como dispara indiscriminadamente en todas direcciones sin concentrar la potencia de fuego, es difícil montar buenos combos para subir la puntuación. Pero en matamarcianos clásicos como este, la mitad del éxito radica en ser capaz de mantener la posición en torno al centro de la pantalla, así que gente como yo, que en estos juegos tiene una movilidad reducida y sólo busca la supervivencia, aprecia poder quedarse quieto tranquilamente en medio de la pantalla, con el botón de disparo bien apretado, y viendo cómo todo estalla a su alrededor.

 

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